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Un mundo sin voz no sería nada: Día Mundial de la Voz 2024

Es lunes 15 de abril de 2024, mientras la ciudad duerme bajo el manto de la noche, me refugio en mi estudio, sumergida en reflexiones que danzan al compás de las sombras proyectadas por la tenue luz de mi lámpara. El Día Mundial de la Voz está a unos minutos de iniciar. Siento la necesidad de plasmar en el monitor de mi computadora los pensamientos que han ido madurando a lo largo de mis 30 años como voice over y actriz de doblaje.

En este oficio, he sido testigo del poder transformador de la voz. Cada personaje que he interpretado, cada marca que he identificado, ha sido un lienzo en blanco sobre el cual he tenido el privilegio de imprimir emociones, matices y vida. La voz, ese instrumento intangible que todos poseemos, es capaz de derretir muros, de tocar almas y dejar una huella indeleble en aquellos que la escuchan.

A medida que las manecillas del reloj avanzan, comprendo que la autenticidad es la esencia misma de una voz cautivadora. Cuando nos atrevemos a desnudar nuestra alma a través de las palabras, cuando permitimos que nuestra vulnerabilidad se filtre en cada sílaba, es entonces cuando nuestra voz adquiere un poder magnético, capaz de estremecer hasta la última fibra del ser.

En este viaje introspectivo, he descubierto que la voz no es meramente un sonido que emana de nuestras cuerdas vocales; es una extensión de nuestro espíritu, un eco de nuestros anhelos más profundos. Cada inflexión, cada pausa, cada susurro, es una pincelada en el lienzo de la comunicación humana.

 

Mientras la noche se posa sobre la ciudad y las sombras se alargan en mi estudio, siento una profunda gratitud por cada humano que ha resonado con mi voz a lo largo de estos 30 años. Directores visionarios, colegas apasionados, clientes audaces y sobre todo, el público, la audiencia, esos oídos anónimos que han acogido mis palabras y las han hecho suyas.

En el Día Mundial de la Voz, me sumerjo en la reflexión de cómo nuestra voz es una piedra preciosa que debemos valorar, nutrir pero también exhibir cuando interactuamos con alguien. No se trata sólo de una herramienta para ganarnos la vida, sino de un medio para dejar nuestra huella en el mundo, para transmitir nuestra esencia más pura y para conectarnos con los demás en un nivel profundamente humano.

Mientras la luz de la lámpara titila y la noche susurra sus secretos, me comprometo a seguir explorando los infinitos matices de mi voz, a desafiar mis límites y a ser un vehículo de emociones auténticas. Porque en cada palabra que pronuncio, en cada personaje al que doy vida, hay un fragmento de mi alma que anhela ser escuchado.

Vero López Treviño.

P.D. Me encantas, voz mía. y me encanta más sentirlo y escribirlo.

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